12 horas en Barcelona

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Yo me encontraba estudiando en Madrid, cuando le mencione a mi amigo Carlos que tenía un Domingo libre, al principio le pregunte en tono de broma, si se animaba a enseñarme Barcelona en un día. Cuando compartió la lista de actividades que haríamos en tan corto tiempo, decide comprar mi boleto de tren y salir rumbo a Barcelona un sábado por la noche.

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No dure ni dos minutos después del salir del tren, cuando escuche a alguien felicitarme por mi sentido de orientación; y supe por el tono sarcástico que mi querido amigo no había cambiado. Caminamos por la ciudad unos 20 minutos, tiempo suficiente para notar que Barcelona era más tranquila que Madrid. Como suele ser en España por las noches, el clima era perfecto para una caminata nocturna. Eventualmente nos retiramos a dormir un par de horas en preparación a el largo día que nos esperaba.

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Nuestra primera parada fue los Bunkers de Carmel, digo parada pero realmente llegue casi arrastrada del cansancio y la empinada caminata para la que no iba preparada. El sacrificio no fue en vano, la vista panorámica de la ciudad fue simplemente mágica. Visitamos los bunkers donde se relata la historia de cómo vivían los Republicanos en la época de la Guerra civil de España que terminó en el Franquismo.

Seguimos nuestra aventura, bajando la colina donde se encuentran los bunkers, caminata que sirvió al mismo tiempo como un tour arquitectónico de las casas de Barcelona. Eventualmente llegamos al Parque Güell, nombrado por el patrocinador del famoso Antonio Gaudí. El parque es sumamente frecuentado por ser el lugar donde se encuentra la casa de Antonio Gaudí y poseedor de una vista impresionante de Barcelona, particularmente de la Sagrada Familia.

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Después de nuestra visita al parque, seguimos nuestro camino por muchas de las zonas turísticas de Barcelona, la Plaza de España, la Gran Vía, la Catedral, el rastro e incluso pasamos por aquel famoso pasaje entre dos edificios que salen en miles de películas de acción.

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Tanta actividad turística, alborota el hambre. Decidimos caminar por el mar mientras disfrutamos un delicioso gelato de tiramisú. Me tome un mega-segundo para tocar el agua, simplemente para marcar una activad más en nuestra larga lista. Luego comimos una deliciosa carne a la plancha con cerveza para rehidratarnos antes de la siguiente jornada.

Después de un gran almuerzo, nos dirigimos al Castillo de Montjuïc, que requirió otra larga y empinada marcha. Nos encontramos con una exposición de arte que exponía un tema muy relacionado a la historia del castillo, “La Guerra y sus amargas razones de ser”. Al leer un poco sobre la historia del castillo, no pude evitar sentir una enorme tristeza por toda la sangre que corrió en ese lugar y tanta innecesaria violencia. También sentí un poco de esperanza al recordar la obra que nos recibió, el cuestionar la razón de las guerras, es quizás el primer paso en evitar una siguiente etapa de violencia.

Por su puesto no podía irme de Barcelona sin visitar la Sagrada familia, Carlos rento una motocicleta a través de una aplicación móvil (fue como Roman Holiday, versión 2017) y nos dirigimos con mucha emoción a la obra más famosa de Antonio Gaudi. La iglesia es impresionante a primera vista. Me tomo unos minutos procesar todo lo que estaba frente a mí, ¡y eso que aún no habíamos entrado! La devoción, pasión, y dedicación del arquitecto brotaba de toda esquina de tan maravillosa obra. Sentí un poco de tristeza por ese pobre hombre que vivió tan adelantado a su tiempo, quizás hasta los tiempos actuales y que nunca pudo ver su obra maestra finalizada (y al paso que vamos quizás yo tampoco la llegue a ver antes de morir).

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El primer vistazo que di hacia el techo dentro de la Sagrada Familia vivirá en mi memoria para siempre.

No existen palabras para describir las emociones que la iglesia evoco en mí. Era lo que creo que toda iglesia quiso ser, una extensión de lo divino y lo omnipotente. Caminar dentro de la Sagrada Familia es algo que todo ser humano independientemente de sus creencias religiosas debe experimentar por lo menos una vez en la vida.

Terminamos nuestra visita, un poco más inspirados por las bellezas de la vida. Como toda emoción fuerte abre el apetito, marchamos en rumbo a nuestra última comida en Barcelona, lo que comimos es lo de menos, lo importante del caso es que cerramos una linda visita entre amigos, sintiéndonos un poco más cultos y dichosos de haber hecho tanto en aproximadamente 12 horas, justo a tiempo para abordar mi tren de regreso a Madrid.

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